Peinado Sencillo (Lleva un minueto)

Peinado Sencillo
(Lleva la hoja de un minueto)

Maria Anna Theresia Keller, la verdadera esposa de Joseph Haydn, de acuerdo a la investigación de Michael Lorenz y corroborado por mí, ya que la conocí en persona.   Esta miniautura procedente de Burgenländisches Landesmuseum es bastante amable con ella. Aquí luce una de sus creaciones, de la categoría "sencilla". En este caso fue confeccionado con un minueto en Sol mayor  de Haydn bastante mediocre.

Maria Anna Theresia Keller, la verdadera esposa de Joseph Haydn, de acuerdo a la investigación de Michael Lorenz y corroborado por mí, ya que la conocí en persona.
Esta miniatura procedente de Burgenländisches Landesmuseum es bastante amable con ella.
Aquí luce una de sus creaciones, de la categoría “sencilla”. En este caso fue confeccionado con un minueto en Sol mayor de Haydn bastante mediocre.

No es justo!

Quién pone en duda la genialidad de Haydn? No hay una página suya- ni siquiera un compás-  donde su talento no se ponga de manifiesto. Todos alabamos a Haydn.  Muy bien- sin duda- pero poco se ha hablado, sin embargo, de la revolucionaria inventiva de su esposa.

La Sra. Haydn, née Keller, era hija de un artesano que se dedicaba a hacer pelucas. Franz Joseph Haydn amaba a su otra hermana, pero ésta un buen día, de pronto y sin decirle nada, decidió encerrarse en un convento. Esta historia siempre me dio mala espina. Haydn parece que se entristeció mucho. En todo caso, el padre de la muchacha, que tenía un gran ascendente sobre él, aprovechándose de la situación, convenció al joven Haydn de llevarse a la mayor al altar. Y lo logró. Se casaron el miércoles 26 de noviembre de  1760, un día muy frío, en una pequeña capilla de la Catedral de San Esteban. Yo, que estaba entrando en ese momento en la iglesia y tuve la suerte de haberlo presenciado todo, puedo dar fe de ello: fue una ceremonia sencilla pero digna. A mí no me invitaron al banquete, pero según me contaron luego, no fue gran cosa. De contra, supe luego que los invitados se habían ido  a pie a la aldea de Margareten y habían llegado tan cansados y llenos de nieve y barro que terminaron contrayendo una gripe espantosa. Yo tuve que sustituir a Haydn y tocar el órgano esa semana en los servicios de la Catedral. Me acuerdo de que me pagaron con unas monedas sucias y viejísimas; todavía las guardo de recuerdo.

Joseph Haydn- Dios lo tenga en la Gloria- era un hombre afable y generoso. Michael, su hermano,  quien era también una bella persona, le había aconsejado que no se casara con Maria Anna, pues todos decían que ella tenía my malas pulgas. Quizás tenía razón- ya verán porqué. Y miren que en aquella época sí que no se andanban con remilgos. No se permitía el divorcio, y realmente era verdad que se cumplía aquello de que” hasta que la muerte los separe”. El que se casaba era de por vida.

Maria Anna Theresia Keller de niña había sido linda y bastante traviesa. Era de mente despierta y amaba la Ciencia. Coleccionaba huevitos de pulgas, cucarachas y piojos y le dio por colocar alguno que otro en las pelucas que hacía Herr Keller, cuando éste no estaba en el taller.  Los huevos iban incubándose y provocaban muchos problemas más tarde. De manera que, a veces, cuando asistían a la ópera o a importantes galas sociales,  los encopetados personajes se distraían y hasta se caían estrepitosemente mientras se rascaban la cabeza. Era horrible, horrible… Las consecuencias de las travesuras de Maria Anna causaron el fracaso de importantes producciones en el Teatro de la Opera Imperial en Viena. Pero, lo que va más a propos de nuestra historia, casi hacen que el negocio de su padre quebrara, pues muchos clientes se quejaron, y la asociación de fabricantes de pelucas le rescindió la licencia durante seis meses. Un buen día se aparecieron en casa de improviso y se dieron a la tarea de exterminar piojos y pulgas sin el menor miramiento. En la confusión del momento, Maria Anna solamente logró rescatar una familia muy querida de pulgas en el pelo. Ya nunca consiguió que se mudaran de allí.

Se especula que de tantos gritos, imprecaciones y de tantos golpes que Herr Keller le propinó luego durante años, Maria Anna se volvió fea y muy amargada. Y el padre quería salir de ella a toda costa;  por eso no tuvo a menos espetársela al pobre Haydn. Joseph, quien había logrado avanzar mucho en el mundo musical de Viena en poco tiempo y era todavía muy ingenuo, pensó que, una vez que se casara con él, Maria Anna volvería  a ser bonita y alegre de nuevo. Lo que no se imaginaba siquiera era que a ella no le gustaba ni la música, ni la ópera, ni el arte, ni nada parecido. Es que ya nada le gustaba, pues andaba muy deprimida, y Freud, quien pudiera haberla ayudado a superarlo, no había nacido todavía.

Peinado Medio (Lleva una Sonata para piano)

Peinado Medio
(Lleva los manuscritos de una sonata para piano)

A pesar de los buenos deseos y de las fervientes plegarias de Franz Joseph, ya nunca más volvió Maria Anna a ser linda. Más bien, cada día parecía tornarse más fea, casi que con avaricia. Y, claro, siendo hija de un señor que dedicaba su vida a hacer pelucas, trataba de hacerse útil de cualquier modo, como que para compensar. Entretanto se le metió en la cabeza la idea peregrina de que quizás haciéndose algún peinado fabuloso podría verse más agraciada. O es que quizás pensaría que con peinados elaborados que atrajeran mucho la atencion, nadie se daría cuenta de lo hässlich (fea) que era?

Nunca lo sabremos a ciencia cierta. Lo que sí es indudable es que ella trajo consigo a casa de Haydn la misma creatividad traviesa de cuando era niña. Su ingenio la llevó a darles nuevos usos a objetos y cosas de la vida cotidiana. Y Haydn la dejaba hacer lo que quería, para ver si se volvía bonita de nuevo. Fue así que Maria Anna inventó el primer metrónomo, al entrenar al gato de la casa para llevar el ritmo con el rabo, amarrado a una estructura de madera que había colocado dentro de una pequeña vitrina. Y lo llamó apropiadamente gatrónomo. Este invento, sin embargo, no tuvo los resultados esperados, pues el gato se iba quedando dormido mientras movía el rabo y apenas si, con suerte, terminaba un Allegro con fuoco  en Adagio maestoso. El malagradecido animal, que aparentemente no reparaba en la importancia de su trabajo, decidió escapar sin siquiera  dejar su nueva dirección.

Haciendo un gran esfuerzo por superar su aversión natural por la música vocal, Maria Anna se dio luego a la tarea de crear un coro de gallinas musicales, cada una de las cuales estaría encargada de dar una nota diferente. Las gallinas estaban amarradas con una soga muy fina, y un ingenioso mecanismo de pedales y poleas transmitía pellizcos a las gallinas. Luego de numerosos ensayos con resutados satisfactorios, Maria Anna y el coro prepararon un Te Deum y un oratorio corto a estrenarse en el palacio de verano. Este proyecto, en el cual Maria Anna había cifrado todas sus pueriles esperanzas, se vino abajo por una inoportuna rebelión sindical de las gallinas, quienes exigían aumentos salariales y mejores condiciones de trabajo. Desgraciadamente, la huelga coincidió con el debut de la agrupación ante la mismísima Emperatriz Maria Theresia. El desaguisado tuvo desastrosas consecuencias en palacio y provocó que  tiraran a Maria Anna, la entusiasta directora del coro, cabeza abajo por la ventana del segundo piso, delante de los invitados de la noche, junto con todas las gallinas. Poco faltó para que lanzaran a Haydn también por haberla recomendado. Las gallinas se soltaron. Las que escaparon ilesas de Schönbrün fueron luego despedidas del coro por medio de documentos legales in absentia. En el terrible clima de agitación y zozobra social provocado por el estallido de la Revolución Francesa, tres gallinas ya mayores fueron capturadas y juzgadas por insoburdinación extrema y alta traición. Resultaron condenadas a terminar sus días ignominiosamente en una sopa, aunque, debido a circumstancias mitigantes aducidas por el abogado defensor, al menos tuvieron el consuelo de que fuera sopa palaciega y de que se les prometiera que serían coocinadas a fuego lento, que se harían reparaciones a los familiares y que se les daría cristiana sepultura en el cementerio de gallinas de palacio. En todo caso, a partir de esa noche, Maria Anna quedó aún más fea y renqueando, de contra, y, como era de esperarse, se volvió todavía más gruñona!

Pero su mayor éxito y su aporte mas transcendental ha sido injustamente mal interpretado por los historiadores- quienes se ponen siempre de parte del gran compositor-. Maria Anna halló nuevas y creativas maneras de utilizar los manuscritos, en este caso, de su esposo. Como había tantos compositores en Viena en ese momento que iban tirando los manuscritos por las ventanas, a veces no se podía ni transitar por la calle. Los chupatintas de Artaria, con la esperanza de encontrar alguna obra de valía que pudiesen vender, recogían los manuscritos de vez en cuando. Lo que no le servían, los procesaban.  El papel se volvía pulpa y la pulpa papel de nuevo. Se lo vendían de nuevo a los compositores y vuelta a las andadas. Su invento fue luego copiado por otros. Hubo un momento cuando en Viena todo se envolvía en manuscritos musicales: el pan, el queso, la carne, cualquier regalo. No en balde Viena se conocía como la Capital Musical de Europa. Fiel a su esposo, Maria Anna se especializó en la utilización de los manuscritos de Haydn. En este sentido ella desarrolló dos vertientes: cubrir el fondo y los lados de las vasijas donde hacía los pasteles, y un uso mucho más elevado- pues tiene que ver con las cabezas- para hacerse papelillos y crear peinados.

Peinado Avanzado (lleva un cuarteto de cuerdas)

Peinado Avanzado
(lleva los manuscritos de un cuarteto de cuerdas)

De la primera vertiente se ocupa ahora la Universidad de Viena en un libro histórico en preparación. Nos ocuparemos en este estudio de la segunda. Afirman algunas malas lenguas que las mejores obras de Haydn quedaron hechas trizas para sostener peinados de varios metros de alto. Se sabe- y esto no lo estoy inventando- que yendo a palacio, las damas de la alta sociedad tenían que sacar la cabeza de los carruajes, pues a veces sus peinados no cabían en ellos. Más de una ilustre dama fue aguillotinada accidentalmente por otro carruaje que se le atravesaba en el camino. Incluso, varias veces supe que algunas damas llegaron a casa o a alguna que otra fiesta con la cabeza equivocada, pues dos damas en carruajes habían tropezado e intercambiado cabezas sin darse cuenta.

En el transcurso de este profundo estudio musi-locó-gico, al examinar los rastros arqueológicos de los basureros de la Viena Imperial, hemos logrado encontrar algunos papelillos provenientes de obras más bien deleznables de Haydn, y nos atrevemos a afirmar que Frau Haydn era en realidad una gran musi-lóco-ga que solamente utilizaba los manuscritos inservibles de su ilustre marido. Incluso hay algunos estudiosos muy serios  que llegan a afirman que fue ella –y no solamente Haydn- la compositora de gran parte de su obra. Aducen en libros muy gruesos, llenos de palabras altisonantes, que no ha recibido el reconocimiento que se merece, debido a su clase social y al hecho de ser mujer-y fea, para colmo.

La pièce de résistance (Incluye una sinfonía completa)

La pièce de résistance
(Incluye los manuscritos de una sinfonía completa)

Aquí pueden disfrutar de las ilustraciones de algunos de los peinados en boga durante la época que Frau Haydn ensayó durante su carrera de peluquera amateur. Cada uno lleva su correspondiente categoría, de acuerdo a la cantidad de manuscritos necesaria para su confección. Como pueden ver, algunos requieren el uso de los manuscritos de un minuet, otros de una sonata, otros un cuarteto de cuerdas y algunos una sinfonía completa.   Aquí entre nos, me atrevo a aseverar que hay muchas obras de la música universal que hubieran sido quizás más útiles en forma de papelillos para las creaciones de Maria Anna Theresia  Keller antes que ver la luz y luego ser ejecutadas en público. No digo cuáles, porque provocaría terribles consecuencias y algunos de mis amigos se pondrían bravos.  No podría  nunca causarles ese profundo dolor. Espero que sepan respetar mi silencio. En todo caso, se impone hacer justicia. Si es verdad que, como se dice, detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, quizás debamos reexaminar el caso de Franz Joseph Haydn y rescatar la reputación de Maria Anna, la genial inventora de los exitosos papelillos musicales,  del fallido gatrónomo y del visionario coro de gallinas desafinadas.

Se impone hacer justicia. Reivindiquemos a la Keller! Ya es hora!